Todo partió con unos frenillos. Recuerdo perfectamente lo que se sentía llegar nerviosa a cada control y salir con más confianza que la sesión anterior — no solo por los dientes derechos, sino por la forma en que mi dentista lograba que cada visita se sintiera cercana, humana, casi como conversar con alguien de confianza. Ese trato me marcó, y ahí nació la certeza de que quería una carrera en salud donde el vínculo directo con las personas fuera el centro de todo, no un detalle secundario.
Hoy curso primer año de Odontología en la Universidad de Chile, una de las facultades mejor posicionadas del mundo en esta disciplina. Crecí parte de mi infancia en Nueva York, rodeada de familia a la que sigo visitando con frecuencia, lo que me dejó un español y un inglés igual de naturales — y una mirada bicultural que aplico tanto en cómo entiendo a los pacientes como en cómo diseño para ellos.
Me mueve la misma idea desde el principio: la odontología de excelencia no se trata solo de técnica impecable, sino de cómo se siente el paciente en cada paso del camino. Eso es exactamente lo que busco transmitir en cada sitio web que diseño.